2012/06/26

Ni se crea ni se destruye, solo se transforma

Sí, ya sé que dije que iba a dedicar dos entradas a San Juan; pero van a ser tres, y de verdad que me quedo corto. También prometí ser más breve y conciso, y el resultado son unas entradas más largas y farragosas que nunca. Pero en cuanto vean la foto del final entenderán que no podía dejar pasar estos comentarios.

La noche de San Juan volvimos a ir a mi casa de origen, Bidaerreka, a renovar el rito del fuego (ver entrada anterior). No me voy a alargar con el disgusto de mi tía al comprobar que le habían llevado sorgin-iratzea en vez de sanjuan-iratzea. Dijo que no importaba, pero, ante su cara compungida, mi prima cogió el coche para volver al cuarto de hora con el helecho apropiado.
En orden de lectura: sanjuan-iratzea o helecho de San Juan,
sorgin-iratzea o helecho de brujas, elorria o espino, lixarra o fresno.
A la mañana siguiente me acerqué a San Juan Xar, en Igantzi, en Bortziri, las Cinco Villas de la Montaña navarra, en el mismo valle del Bidasoa en que está Irun. Es un paisaje muy umbrío y siempre húmedo. De hecho, bajo la cueva donde se celebra misa hay una fuente con tres caños en la que se lava la gente y deja tendidas las ropas con que se secan, hasta pañuelos de papel en la actualidad. Se pretende así curar enfermedades de la piel, pues se supone que el agua absorbe el mal y este pasa a la ropa. Cuando mi barrio era rural, hace medio siglo, Maria Errotakoa (aunque la casa ya no era molino) llevó a su hijo Javier, que se curó de no sé qué enfermedad de la piel que la medicina no acertaba a diagnosticar. También me constan casos al revés. Y es que sin fe… Ese año he contado casi un centenar de prendas. De pequeño asistí por lo menos una vez a la misa, no sé si con voluntad de curar algo por parte de mi madre (mi padre hacía de chófer, porque de todo esto no le interesaba ni su lado folklórico). Solo recuerdo que me parecía un paisaje fascinante para jugar a indios, entre rocas, musgos, regatas… Este año me he fijado más y he reconocido a vecinos míos, vecinos del portal de al lado, que hace unas décadas también vivían en el mismo barrio rural que yo. ¿Fe, inercia, nostalgia, aprovechar un espléndido día en un hermoso paraje? Tal vez de todo un poco. Yo buscaba información para este blog, y renovar recuerdos familiares.

Ya he dicho que en el pensamiento tradicional el tiempo cíclico, con sus fechas anuales, es mucho más importante que el histórico, y que son a menudo los lugares los que tienen fuerza mítica, pues parecen favorecer que ocurran en ellos hechos sobrenaturales. Si San Juan es la fecha por excelencia, San Juan Xar es el sitio por excelencia. Mis bisabuelos iban desde Baztan hasta allí a pie por el monte. Salían al oscurecer y llegaban al amanecer. Su hija, mi abuela, llamaba San Juan Xahar (viejo) a la víspera, 23 de junio, y San Juan Berri (nuevo) al día 24. En euskara Navidad es Eguberri, literalmente Día Nuevo. No he oído a nadie más ese distingo tan solsticial del medio año. Si alguien tiene noticia de algo parecido, por favor que me lo comunique.
Y para ir acabando: más allá de los disgustos de mi tía, ¿de verdad es tan diferente en sus virtudes un helecho de brujas del de San Juan? Y no me refiero a diferencias taxonómicas, sino míticas. ¿Acaso no es San Juan el santo más pagano? Algunas mujeres llevaban a misa ramos de flores y plantas, en busca de una bendición cristiana añadida. San Juan Xar está plagado de sorgin-iratzea y no de sanjuan-iratzea. La gente a la que pregunté, incluso la adulta, ni sabían que se llamaban así porque no distinguen más helecho que el utilizado (aunque ya en desuso) como abono. En la Garrotxa dicen (decían) que los helechos corren a medianoche de San Juan. Quien los atrape sin volverse atrás a mirar quién produce ruidos terribles, se enriquecerá. No especifica qué especie de helecho.
San Juan Xar el 24 de junio. Aunque en la imagen no se aprecia bien,
sorgin-iratzeak sobre las ropas a ambos lados de la fuente.
Y para acabar, esta vez sí de verdad: en cuanto vi las ropas extendidas me acordé de las robas estesas de las encantarias la nit de San Chuan de Castanesa, que en benasqués o patués les contaba hace unas entradas. ¡No me digan que no! Así como con ellas el ladrón se apropia de la riqueza (ojo: recuerden que tuvo mal fin), si alguien se llevara una ropa dejada en San Juan Xar se llevaría también el mal que alguien dejó en ella. Rara vez ciencia y mito coinciden, pero en San Juan hasta eso es posible, y podemos afirmar que su energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma.

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